El SOS de un pueblo

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DOMINGOS - 9:00 AM ESCUELA BIBLICA | 10:30 AM SERVICIO Y CULTO DE ADORACION A DIOS.

by: Hno. Luis E. Orengo Román, ThM., D.D

08/28/2026

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Los acuerdos internacionales establecen que la señal naval SOS identifica una situación de

peligro extremo que requiere auxilio inmediato. Todo barco que la recibe, independientemente

de su nacionalidad, tiene el deber de responder y prestar asistencia, dando prioridad absoluta a la

emergencia.

Cada año, durante la conmemoración de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén,

congregaciones de todo el mundo agitan ramas de palma mientras entonan cánticos que incluyen

la expresión «¡Hosanna!». Sin embargo, aquel primer Domingo de Ramos distaba mucho de ser

una celebración meramente festiva. Jerusalén llevaba décadas soportando el peso de la

ocupación romana, y el ambiente que se respiraba en sus calles no era de tranquilidad, sino de

una esperanza intensa y desesperada.

Miles de judíos provenientes de distintas regiones del mundo conocido habían regresado a

Jerusalén para celebrar la Pascua (Pesaḥ). En ese contexto llegó Jesús de Nazaret, el hombre de

Galilea del que muchos habían oído hablar. Sus enseñanzas, sus milagros y, especialmente, la

resurrección de Lázaro pocos días antes habían despertado enormes expectativas. Cuando Jesús

entró en la ciudad montado sobre un asno, cumpliendo las profecías mesiánicas (Zac 9:9), la

multitud exclamó: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!» (Mt 21:1–11; Mc

11:1–11; Lc 19:28–40; Jn 12:12–19).

La palabra hosanna proviene de la expresión hebrea הוֹשִׁיעָה נָּא (hôšîʿâ-nnāʾ), que significa

literalmente: «¡Sálvanos, por favor!» o «¡Salva ahora, te rogamos!». Aunque en tiempos de

Jesús también era utilizada como una aclamación mesiánica, su significado original era el de una

súplica urgente dirigida a Dios. Era el clamor de quienes reconocían que no podían salvarse por

sí mismos.

Durante más de noventa años, Judea había permanecido bajo el dominio romano. El pueblo

estaba económicamente asfixiado, políticamente sometido, físicamente agotado y espiritualmente

desgastado. Cuando aquellas personas extendían sus mantos y esparcían ramas de palma delante

de Jesús, no solo le rendían honores; también elevaban un desesperado clamor de auxilio. Su

«¡Hosanna!» era, en esencia, el equivalente al SOS de una nación que ansiaba ser rescatada.

Muchos de los presentes esperaban que Jesús fuera el Rey prometido que quebrantara el

poder de Roma y restaurara la independencia de Israel. Habían visto o escuchado acerca de la

resurrección de Lázaro y confiaban en que aquel hombre poseía el poder necesario para romper

las cadenas de la opresión. Sin embargo, mientras la multitud esperaba un libertador político,

Jesús venía a derrotar a un enemigo infinitamente mayor: el pecado y la muerte, cumpliendo la

promesa anunciada desde el Edén (cf. Gn 3:15).

El significado de Hosanna continúa vigente. El Rey que entró en Jerusalén, vino para para

rescatar a la humanidad mediante su sacrificio. El «¡Hosanna!» de la multitud, el clamor

desesperado del alma que no tiene alternativa fue un SOS y el Creador llegaba al rescate.

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Los acuerdos internacionales establecen que la señal naval SOS identifica una situación de

peligro extremo que requiere auxilio inmediato. Todo barco que la recibe, independientemente

de su nacionalidad, tiene el deber de responder y prestar asistencia, dando prioridad absoluta a la

emergencia.

Cada año, durante la conmemoración de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén,

congregaciones de todo el mundo agitan ramas de palma mientras entonan cánticos que incluyen

la expresión «¡Hosanna!». Sin embargo, aquel primer Domingo de Ramos distaba mucho de ser

una celebración meramente festiva. Jerusalén llevaba décadas soportando el peso de la

ocupación romana, y el ambiente que se respiraba en sus calles no era de tranquilidad, sino de

una esperanza intensa y desesperada.

Miles de judíos provenientes de distintas regiones del mundo conocido habían regresado a

Jerusalén para celebrar la Pascua (Pesaḥ). En ese contexto llegó Jesús de Nazaret, el hombre de

Galilea del que muchos habían oído hablar. Sus enseñanzas, sus milagros y, especialmente, la

resurrección de Lázaro pocos días antes habían despertado enormes expectativas. Cuando Jesús

entró en la ciudad montado sobre un asno, cumpliendo las profecías mesiánicas (Zac 9:9), la

multitud exclamó: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!» (Mt 21:1–11; Mc

11:1–11; Lc 19:28–40; Jn 12:12–19).

La palabra hosanna proviene de la expresión hebrea הוֹשִׁיעָה נָּא (hôšîʿâ-nnāʾ), que significa

literalmente: «¡Sálvanos, por favor!» o «¡Salva ahora, te rogamos!». Aunque en tiempos de

Jesús también era utilizada como una aclamación mesiánica, su significado original era el de una

súplica urgente dirigida a Dios. Era el clamor de quienes reconocían que no podían salvarse por

sí mismos.

Durante más de noventa años, Judea había permanecido bajo el dominio romano. El pueblo

estaba económicamente asfixiado, políticamente sometido, físicamente agotado y espiritualmente

desgastado. Cuando aquellas personas extendían sus mantos y esparcían ramas de palma delante

de Jesús, no solo le rendían honores; también elevaban un desesperado clamor de auxilio. Su

«¡Hosanna!» era, en esencia, el equivalente al SOS de una nación que ansiaba ser rescatada.

Muchos de los presentes esperaban que Jesús fuera el Rey prometido que quebrantara el

poder de Roma y restaurara la independencia de Israel. Habían visto o escuchado acerca de la

resurrección de Lázaro y confiaban en que aquel hombre poseía el poder necesario para romper

las cadenas de la opresión. Sin embargo, mientras la multitud esperaba un libertador político,

Jesús venía a derrotar a un enemigo infinitamente mayor: el pecado y la muerte, cumpliendo la

promesa anunciada desde el Edén (cf. Gn 3:15).

El significado de Hosanna continúa vigente. El Rey que entró en Jerusalén, vino para para

rescatar a la humanidad mediante su sacrificio. El «¡Hosanna!» de la multitud, el clamor

desesperado del alma que no tiene alternativa fue un SOS y el Creador llegaba al rescate.

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